Hasta 8 imágenes por página, bocadillos y pies de texto, PNG de 2K a 16K
Un cómic cuenta una historia mediante una secuencia de imágenes enmarcadas que se leen en orden, y el marco —la viñeta— es la unidad básica de la forma. Narrar con una fila de imágenes es una idea antigua, de la Columna de Trajano al Tapiz de Bayeux, pero la página de cómic moderna tomó forma en los periódicos a finales del siglo XIX, cuando la impresión barata en color hizo de la tira semanal una forma asequible de mantener a los lectores. De allí se extendió a los tebeos, las novelas gráficas, los álbumes franco-belgas, el manga japonés y el webcómic, cada uno con sus propias convenciones de forma de página, dirección de lectura y ritmo.
Gran parte del oficio de un cómic está en las decisiones alrededor de las imágenes y no dentro de ellas. El espacio en blanco entre viñetas —el medianil— es donde la imaginación del lector aporta el movimiento de un instante al siguiente, así que los medianiles anchos frenan una página y los finos la hacen correr. El tamaño de la viñeta da énfasis: una viñeta pequeña se lee como un golpe rápido, una de ancho de página como una pausa que merece contemplarse. Los bocadillos de diálogo, las nubes de pensamiento, los bocadillos dentados de grito y las cajas de texto rectangulares señalan cada uno un tipo distinto de voz, y sus colas dicen al lector quién habla sin una palabra de explicación.
Hacer cómics ya no es coto de los estudios. Los cómics de fotos, los memes, los guiones gráficos, los materiales didácticos, las explicaciones de productos y los álbumes familiares toman prestada la misma gramática, y un puñado de fotografías dispuestas en viñetas con unas líneas de diálogo suele ser más claro y más divertido que un párrafo de texto. Si el resultado va a imprimirse y no a publicarse, la resolución importa: una página destinada al papel necesita muchos más píxeles que una pantalla, y por eso las ilustraciones de calidad de impresión se preparan en tamaños que parecen absurdamente grandes en un monitor.