Creador de horarios

Una semana de clases o tareas: fija la primera hora y las horas se rellenan solas

La semana

Rellenar las horas reescribe toda la columna de horas a partir de la primera clase, su duración y el descanso entre ellas; escribir encima de una sola hora después deja el resto como está. Todo se guarda solo en este navegador.

Aspecto y exportación

La imagen lleva las mismas celdas y colores que muestra la cuadrícula, sobre el fondo elegido aquí y no el de la propia página, para que pueda ir directamente a una pared o a un documento.

Sobre los horarios

Un horario es una promesa sobre el tiempo, y su utilidad viene casi por completo de ser visible. Una semana escrita y colgada resuelve cien pequeñas preguntas antes de que se hagan —qué viene después, qué llevar, cuándo cae el hueco— y lo hace para todo el que pueda verla, y por eso aulas, hospitales y talleres usan desde hace mucho más de un siglo la misma cuadrícula de días contra horas. La forma es antigua porque es difícil de mejorar: el ojo lee una columna como un día y una fila como una hora sin que se lo digan.

Lo que suele fallar son las uniones y no los bloques. Un horario sin hueco entre una cosa y la siguiente supone que desplazarse no lleva tiempo y que nada se alarga nunca, y falla el primer día. Los descansos no son holgura que exprimir; son lo que permite que el resto del plan sobreviva al contacto con una mañana normal. Lo mismo vale para el final del día: un horario apretado hasta el último minuto no deja nada para lo que siempre surge.

El color conviene usarlo con moderación y coherencia. Un color por asignatura, o por tipo de trabajo, convierte la cuadrícula en algo legible de un vistazo desde el otro lado de una sala, pero un cuadro en que cada celda es un tono distinto no aporta información alguna, solo decoración. Los horarios más útiles suelen ser los más sencillos: un puñado de colores que signifiquen algo, mucho espacio en blanco y un texto lo bastante grande para leerlo desde donde realmente vaya a colgar.